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Saturno en Acuario

El influjo de Saturno en Acuario es de manera racional, lógica y positiva. Se trata de una persona capaz de contemplar los problemas desde una cierta distancia, y si bien no tiene una actitud mental adaptable, progresivamente sabe discernir que está mal, de forma que puede rectificar a través de las virtudes y las cualidades más intensas de la propia personalidad.

Es una persona individualista y no le atraen las ideas excesivamente convencionales, conocidas o caducas. La disposición del planeta en Acuario es positiva y plena de esperanza, ya que tiene fe en el porvenir y siente atracción por las bondades de la propia generación y de la siguiente.

El nativo de este signo ama la independencia y le asusta el compromiso, tiene una conducta inquebrantable y se destaca por su originalidad. Es sereno, cordial y inmensamente amigo de sus amigos y conocidos. Posee ideas de libertad, fraternidad, amor global. Sobre todo su condición de romper con lo usual o socialmente impuesto. Descubre el futuro vive intensamente, sueña siempre con nuevos horizontes, le desagrada la rutina, lo conservador.

Está gobernado por Saturno y Urano y pertenece al elemento Aire. Los signos de aire viven en el mundo abstracto de las ideas y de los pensamientos, los cuales son para ellos tan reales como cualquier objeto físico.

Saturno en Acuario muestra un espíritu serio y científico. Es un ser intelectual, le agrada planificar todo minuciosamente, estudia e investiga todo profundamente. Disciplinado, con metas claras y específicas. Ama la independencia y puede mostrarse algo indiferente y distante. Sin embargo, su sinceridad y lealtad hacen que los demás se sientan orgullosos de su amistad. Intenta implicarse únicamente en propósitos que tengan futuro. También posee la necesidad de ayudar a otros y realmente se compromete para lograrlo.

Los nativos del signo Acuario, cuando están bajo la influencia directa del planeta que nos ocupa, se vuelven introvertidos, pesimistas y desconfiados. Esta situación frena todo deseo de ayuda a los demás, lo que les obliga, a veces, a buscar la soledad y permanecer en la más completa inactividad. Al mismo tiempo, y acaso como consecuencia de ello, son presa de una angustia vital que tortura sus pensamientos y su mundo anímico; hasta tal punto que puede sobrevenirles una profunda depresión por la que se vean obligados a rechazar cualquier atisbo de solucionar su hundido estado de ánimo.

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