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Horóscopos. La Mujer Leo

COMO RECONOCER A LA MUJER LEO

Por su belleza. Como el hombre del mismo signo, su aspecto altivo, su prestancia, su porte y sus andares flexibles atraen la mirada, casi tanto como su cabellera incendiaria.

En la mujer Leo se dan dos tipos también, la apolínea, de rasgos regulares, belleza clásica, piernas finas y magnetismo irresistible, y la hercúlea, más pequeña y musculosa, muy deportista, que está tan cómoda consigo misma como su hermana de signo, pero que es más física que ella. El rostro se inscribe a menudo en un triángulo corto, los ojos son verdes o dorados y muy separados, la base de la nariz es chata y ancha. Los dientes muy blancos, muestran una sonrisa deslumbradora. Todos los nativos del signo, hombres y mujeres tienen un aire conquistador. La mujer Leo tiene el vientre plano y las caderas bellamente arqueadas, los huesos finos y escasa vellosidad. A veces unas pecas complementan su encanto, aunque más a menudo cuenta con una tez cobriza o dorada que constituye una baza más en su juego de seductora.

LA SALUD DE LA MUJER LEO

La mujer Leo es vital y resistente, cualidades reforzadas pro una verdadera valentía, parece aún más fuerte y sufrida que el hombre del mismo signo, quizás como en el reino animal, donde la leona pasa por ser más enérgica que su señor y maestro. Reacciona mejor ante la adversidad, sin duda porque está menos obsesionada por el éxito.

La vista es uno de sus puntos débiles y, si su coquetería le prohíbe usar gafas, debe recurrir a las lentes de contacto. También está expuesta a trastornos circulatorios y cardíacos, más funcionales que orgánicos. Es propensa a sufrir palpitaciones, taquicardias y espasmos cardíacos incómodos, pero poco peligrosos. Las nativas de este signo, tanto hombres como mujeres, están asimismo expuestos a las enfermedades medulares. Aunque aconsejarle una vida sana no tendría nada de original, debe aprender a conocer sus límites si no quiere padecer malestares extraños, difíciles de diagnosticar, mezcla de fatiga, vértigos, subidas y bajadas de tensión y anemia. Como el hombre del signo, la mujer Leo tolera muy mal la enfermedad o la inactividad. Por ello le conviene someterse a chequeos y cuidar sueño, pero en lugar de somníferos debe tomar calmantes suaves o recurrir a la acupuntura. Se le recomiendan infusiones de azahar o de tila, remedios tan sencillos como eficaces para prevenir los trastornos circulatorios.

La mujer Leo gusta de una cocina muy elaborada y mejor presentada, pero no es glotona y rara vez tiene problemas con su línea. Por otro lado, es demasiado coqueta como para permitirse la menor dejadez en cuanto a su belleza. Su mayor problema, como para el hombre del signo, es aceptar el envejecimiento. Se rebela contra esa maldición, o que a menudo la lleva a vivir con demasiada intensidad, para que la muerte llegue antes que la decrepitud, o a tratar de mantenerse joven el mayor tiempo posible, por todos los medios.

MODO DE SER DE LA MUJER LEO

La mujer Leo es brillante, apasionada, artista hasta la médula e idealista en extremo. Se enciende, se indigna, se entusiasma, defiende vehemente sus ideas y sus amigos. Su valor es innegable, y es capaz de las mayores proezas cuando el destino la obliga o la empuja la ambición.

Es leal, recta y orgullosa, se puede contar con ella. No tiene ese aspecto de ama de casa que tantos hombres reprochan al sexo llamado débil. Aborda de buen grado los grandes temas y su pensamiento no carece de fuerza. En cambio a veces resulta irritante su afán por rodearse de admiradores incondicionales, su tendencia a poner a prueba su poder y la eficacia de su magnetismo.

La mujer Leo a veces  manifiesta  cierta teatralidad, un énfasis irritante, o incluso una mitomanía en la que siempre se reserva el mejor papel. Impaciente y de genio vivo, rechaza la mediocridad, como todos los nativos de este signo, y pone en juego lo mejor de sí misma para realizarse.

LAS APTITUDES DE LA MUJER LEO

Tiene más o menos las mismas aptitudes que el hombre del mismo signo, incluso para la política, en la que, cuando se dedica a ella, se forja una reputación de íntegra y leal, su ingenuidad la protege. Como no atribuye nunca a los demás sentimientos que es incapaz de sentir, a veces se deja sorprender por la maldad, los celos o la envidia que despierta a su alrededor.

Se siente cómoda en todas las profesiones artísticas, ya sea como enseñante o creadora. Puede pintar tan bien como escribir, actuar como cantar, hacer películas como esculpir. Pero el pensamiento científico no le es ajeno, y a menudo triunfa en la investigación. Le apasiona cierta forma de poder, las responsabilidades y, por encima de todo, la acción. A la mujer Leo le encanta aprender: inteligente, con excelente memoria, con una curiosidad abierta a todo, perfeccionista y llena de celo profesional, sabe hacerse respetar por doquier.

Conserva durante mucho tiempo un aire de eterna estudiante, y con frecuencia acumula diplomas antes de encontrar su camino. Ese es uno de los mayores problemas de Leo: dotado en exceso, le resulta difícil elegir. Pero, una vez orientada en una dirección precisa, nada puede detener a la nativa de este signo. Necesita aliento, felicitaciones e incluso halagos. La mujer Leo acepta los desafíos de la vida en cuanto adquiere suficiente confianza en sí misma.

COMO AMA LA MUJER LEO

Si en su juventud tiene la suerte de encontrar a un hombre digno de su admiración y de su abnegación, un hombre que sepa amarla como merece, la mujer Leo se convierte en una esposa admirable, que educa perfectamente a sus hijos, estimulando sus capacidades afectivas e intelectuales. Pide mucho, pero da tanto como pide.

Si la fortuna le es adversa y se casa con un hombre que no le conviene, busca en su profesión las satisfacciones que aquél le niega y conserva celosamente su independencia.

Cuando el hombre de su vida es poeta, artista o sabio, no tiene inconveniente en renunciar a todo por él, sirviéndole de apoyo y estímulo y ayudándole hasta más allá de sus fuerzas si es necesario. Como persona centrada en sí misma, se convierte a veces en una especie de coleccionista, por cuya vida desfila una interminable serie de amantes que le sirven para halagar su vanidad. Otras veces, sin embargo, sorprende con teatrales crisis de conciencia, llenas de encendidos discursos de contenido sumamente religioso.

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