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Júpiter en Aries

Júpiter en Aries manifiesta tímidamente el sencillo y honrado enfoque del signo, por lo que la persona que tenga Júpiter en Aries en su Carta Natal, se siente atraída hacia los desafíos. Puede que no se trate de alguien excesivamente eficaz en cuanto a los detalles, si no indican lo contrario otras posiciones planetarias, pero sí contempla de manera especial un proyecto general, merced a que goza de una estimable amplitud de perspectiva y un encendido entusiasmo que permanece vivo hasta la culminación del proyecto.

Júpiter en Aries nos trae un ser optimista, con una visión positiva, que se deleita adoptando determinaciones arriesgadas.

Los nativos de este signo, regido por Marte, son seres muy independientes, poseen ideas claras y muy personales. Ansiosos, con una vida hiperactiva y con muchos cambios como resultado de su gran iniciativa. Impulsivos, impacientes, impetuosos, siempre contemplando el futuro, deseosos por un despejado porvenir. Júpiter en este signo, muestra personas optimistas, con gran confianza en sí mismas y con gran habilidad para ser líderes. Con una tendencia a ser respetados, a lograr posiciones de autoridad. Es un ser de espíritu valiente, que confía mucho en su suerte. Se halla siempre en la búsqueda del crecimiento interior y exterior a través de empresas y actividades expansivas. Seguro en sus decisiones, con tanta audacia y tan poco temor que, a menudeo, actúa de modo imprudente. Siempre convencido de todo le saldrá bien, ya que su experiencia le ha demostrado que puede fiarse de su intuición.

Los astrólogos consideran a Júpiter como un planeta de beneficios y alegría.
De esta manera, encontramos en los nativos de Aries una generosidad y una honestidad a toda prueba.
La protección moderada de Júpiter consigue, además, que el nativo de este signo medite y madure cada uno de sus proyectos, a la vez que impregna de cierto espiritualismo determinadas acciones de Aries.

Así, más que en la acción, se esforzará Aries en la reflexión. Este aspecto filosófico puede hacer que aquél se vuelva vanidoso en grado sumo; sobre todo en sus relaciones con los demás, lo que puede conducirle a pensar que es un incomprendido en algunas ocasiones. Aunque, al fin, resurgirá su humanitarismo sobre cualquier otro aspecto negativo que pueda presentarse.

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