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Horóscopos. La Mujer Piscis

COMO RECONOCER A LA MUJER PISCIS

Con frecuencia la mujer Piscis es bella. Sus ojos turbadores atraen y fascinan. El óvalo de su rostro, de gran pureza, enmarca unos pómulos altos, una nariz recta y una boca finamente dibujada, quizá un poco demasiado fina.
Su voz posee un encanto indefinible, una vibración extraña que llega a lo más hondo del alma: es musical y seductora hasta cuando dice las cosas más intrascendentes. Embruja, sin que los que la oyen puedan comprender de dónde surge la magia que los envuelve de repente.
La mujer Piscis es más menuda que imponente, de actitudes delicadas y una especie de indecisión en sus movimientos, como si lo demasiado rotundo representase una irrupción brutal en su mundo, un poco irreal. Sin embargo, compone un conjunto armónico y musical: cuando baila lo hace con una gracia extraña y un poco contradictoria, como si la danza le sirviera para expresar su doble naturaleza y así tradujera los vínculos que la unen a la tierra a la vez que se eleva a las alturas.

LA SALUD DE LA MUJER PISCIS

La mujer Piscis padece malestares, languideces, desmayos y cansancios, pero sus achaques se van tan fácilmente como aparecen.
No le entusiasma el movimiento ni la agitación: su gran placer consiste en estar tumbada leyendo o escuchando música; su naturaleza contemplativa se acomoda muy bien a la falta de acción.
Es muy sensible y debe huir de los lugares donde no se sienta cómoda. Como conecta inconscientemente con todo y es extremadamente perceptiva, es muy importante que tome precauciones respecto a las personas que frecuenta: es muy fácil deprimirla, angustiarla o perturbar su siempre frágil equilibrio. También debe evitar las experiencias con lo oculto, hacia las que la llevan sus notables facultades de médium, y más aún el consumo de drogas y alcohol: le falta sentido de la medida y no tiene suficiente voluntad para imponerse un límite.
Es golosa pero, dada su tendencia a engordar, debe renunciar a los helados, el chocolate, los pasteles y los dulces. Le conviene una vida tranquila y con bastantes horas de sueño, pero sin caer en la pereza o la desidia.
Debe tener cuidado con el abuso de medicamentos, tanto tranquilizantes como estimulantes, pues le hacen más mal que bien.
Las medicinas naturales, las hierbas o el yoga están más indicadas para ella que la medicina tradicional. Por otra parte, sólo un homeópata podría orientarse en la maraña de síntomas que presenta la mujer Piscis.
Su remedio homeopático es, como para el hombre del mismo signo, el Ferrum phosphorícum.

MODO DE SER DE LA MUJER PISCIS

La mujer Piscis es dulce y soñadora. Parece siempre en otro mundo, llena de manías inocentes y caprichos imprevisibles.
Aunque es poco agresiva y no despierta hostilidad, su enorme emotividad hace que se recubra con un caparazón protector para evitar la emoción y el sufrimiento. Su sensibilidad no se puede comparar con ninguna. Es capaz de llorar desconsoladamente por las cosas irías nimias y a continuación mostrarse fría como un témpano si tiene la sensación de que no la comprenden o de que se burlan de ella. Sin embargo, puede llegar a refugiarse en la insensibilidad más absoluta si siente la necesidad de protegerse.
Es muy intuitiva y se fía más de su instinto, que suele ser certero, que de las opiniones o los consejos ajenos. Y no le falta razón, pues de todos los signos del Zodíaco es la que mejor siente, la que mejor percibe cosas impenetrables para los demás.
Posee delicadeza, encanto y misterio, y a la vez una perfecta naturalidad que le da verdaderos éxitos en la vida social y afectiva. Hay también en ella una poesía un poco exaltada, que fastidia y seduce a un tiempo, como si viviera en un interminable cuento de hadas.

APTITUDES DE LA MUJER PISCIS

La mujer Piscis tiene grandes dotes para las profesiones relacionadas con la sanidad: es muy apreciada como enfermera, médica, auxiliar de clínica o comadrona, pues se interesa profundamente por las personas que cuida, sin por ello dejar de ocuparse de sus propios asuntos: se desdobla con facilidad, lo que la ayuda a desempeñar competentemente su trabajo.
Le atrae el mundo de la escena, y es una excelente actriz que sabe identificarse con sus personajes: su presencia llega al espectador. De todos los mundos posibles, el de las artes es aquel en el que se mueve con mayor soltura. También hay nativas del signo entre las videntes profesionales, las echadoras de cartas, las zahoríes o las curanderas.
Como el hombre de este signo, le gustan los animales y sabe cuidarlos muy bien. Sus relaciones con ellos son extrañas: es como si entre una y otros se estableciera una corriente misteriosa.
Aunque no tiene vocación de ama de casa, no desdeña dedicarse a las tareas del hogar si está de buen humor. Eso sí: renuncia a ellas, sencillamente, en cuanto le empiezan a aburrir.
Su éxito es seguro en todas las profesiones en las que hay que vender, pues sabe ser extremadamente persuasiva, aunque haya de recurrir a los argumentos más peregrinos.

COMO AMA LA MUJER PISCIS

No hay nadie más romántico, ni más enamorado que la mujer Piscis: para ella nada es más natural que amar. Sólo reivindica ese derecho y sólo tiene un deseo: encontrar a un hombre que acepte su cariño, que se deje amar como nadie le ha amado jamás. Nada es más ajeno a la idea del amor que se hace la nativa de Piscis que las relaciones tempestuosas, hechas de rupturas y reconciliaciones, de dolor y felicidad entremezclados. Ella sólo quiere ser parte del ser amado, fundirse en él, dejarse inundar por el sentimiento. Concibe el amor como una comunión, una sensación, un éxtasis que excluye toda reflexión y la colma de felicidad.
Sin un hombre a quien amar se encuentra como un drogadicto con síndrome de abstinencia. Por ello, se le atribuye a menudo un temperamento ardiente e hipersensual. Nada es más injusto. El amor físico no es para ella sino un medio: considera el cuerpo como un camino para acceder al alma. Su sensualidad tiene que ver más con el misticismo que con otra cosa.
Siendo así, es evidente que corre el peligro de tener más decepciones que satisfacciones en su vida amorosa. Pocos hombres son capaces de asumir semejante avalancha afectiva, que les atrae y les asusta a la vez pues, si bien ese amor tiene cualidades excepcionales, también supone una exigencia desmesurada. Basta una mirada, un gesto desabrido o una palabra a destiempo para que la mujer Piscis salga del universo maravilloso en el que tan feliz es. Deja de amar sin sufrimiento y el hombre al que adoraba el día anterior pasa a ser menos que nada para ella.
Conserva siempre intacta su disponibilidad; su capacidad para ilusionarse con un nuevo amor es inagotable: vive en una especie de estado de gracia.

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