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Horóscopos. El Hombre Piscis

COMO RECONOCER AL HOMBRE PISCIS

Como en el caso del hombre Acuario, se reconoce al hombre Piscis por su mirada. Pero esta vez no se trata de una mirada ingenua e infantil. La mirada del nativo de Piscis traspasa a los demás sin verlos, lo que le da un aire misterioso y lejano: vive completamente perdido en un universo propio, infinitamente lejos de un presente que le aburre.
Hay un Piscis flaco y huesudo, con el rostro alargado, pómulos altos, boca pequeña, barbilla puntiaguda, nariz afilada y ojos grandes y algo saltones. Su cuerpo es longilíneo, con brazos y piernas interminables.
Se da también un Piscis un poco entrado en carnes, pequeño y redondeado, de brazos cortos y gruesos, la cara redonda, los hombros carnosos y el cuello casi inexistente.
Frecuentemente, estos dos tipos se mezclan.
El hombre Piscis suele tener el cabello escaso y es proclive a la calvicie, lo que agranda una frente ya de por sí alta y despejada. La mirada, siempre soñadora, tiene sin embargo algo de frío e indefinible. Sus dientes son agudos y algo separados, como los de un tiburón. El Piscis flaco se mueve rápida y sigilosamente; su hermano de signo es más lento, pero tiene esa sorprendente agilidad que se da a veces en los gordos.
Ambos son linfáticos, aunque el primero es más nervioso que el segundo; tanto el uno como el otro necesitan tumbarse de vez en cuando y se «ausentan» en pleno movimiento.

LA SALUD DEL HOMBRE PISCIS

De la salud del hombre Piscis puede decirse cualquier cosa, excepto que sea robusta.
En primer lugar, padece frecuentes heridas o deformaciones en los pies, sobre todo si ha nacido entre el 22 y el 24 de febrero.
Padece con frecuencia desequilibrios o trastornos hormonales, pues tiene mal compensado el sistema endocrino. Otro tanto ocurre con su sistema linfático, que hace que sea propenso a inflamación de los ganglios. Está también predispuesto a los trastornos digestivos, intestinales y hepáticos.
El nativo de este signo debe evitar el contacto con enfermos contagiosos, pues tiene gran facilidad para contraer toda clase de enfermedades. Si en su carta astral predominan los signos de Agua, puede estar seguro de que padecerá todas las enfermedades infantiles, incluso en la edad adulta.
Tiende a retener líquidos en los tejidos, lo que le produce celulitis, edemas e hinchazones. Su salud puede darle preocupaciones incluso en la juventud. Se siente mal con frecuencia sin poder precisar los síntomas que sufre, que son difusos, vagos y cambiantes: constituye un enigma para los médicos.
En el aspecto psíquico, presenta con frecuencia inclinación al autismo, a la pérdida de contacto con lo real y a la esquizofrenia, cuando no es el alcoholismo o las drogas los que favorecen esa ruptura con la realidad. A Piscis le cuesta imponerse una disciplina de vida: su dieta o su ritmo de sueño son de lo más fantasioso. El nativo de Piscis aprecia la cocina exótica, que le permite viajar con la imaginación. En él se dan dos actitudes ante la comida: o no le importa y come cualquier cosa a cualquier hora, o bien es un gastrónomo de esos que organizan sus vacaciones en función de las especialidades regionales y preparan platos especiales incluso cuando están solos. Como norma general, le conviene comer a un horario regular; debe ponerse a régimen con cierta frecuencia, beber aguas minerales diuréticas (preferentemente sin gas) y comer pescado blanco, carnes rojas, cereales y verduras frescas, evitando féculas y dulces. Le están muy indicados los jugos de fruta, sobre todo de uva, y el caldo de verdura. Puede tomar té y café, que le estimulan un poco. Es recomendable que se imponga algunos días de ayuno al mes.
En la medida de lo posible, debe practicar todos los deportes náuticos: le sientan bien los climas yodados, y el Atlántico mejor que el Mediterráneo.

MODO DE SER DEL HOMBRE PISCIS

El prototipo de hombre Piscis es don Juan Tenorio, nacido un 3 de marzo. Es el clásico libertino que, en un momento dado, renuncia a los placeres del mundo y consagra su vida al servicio del prójimo. Esta biografía, resultado de una naturaleza dual, aparentemente contradictoria, refleja el profundo anhelo que lleva a Piscis a disolverse en un universo situado fuera de él, fundiéndose en lo desconocido. En su juventud, esa comunión se limita a lo sensual: no es sino un medio para escapar de sí mismo. La faceta seductora del nativo de Piscis no es sino un intento de huida, reflejo de su siempre insatisfecha avidez que nunca ve colmadas las aspiraciones del alma.
Piscis es esencialmente intuitivo; es más: le interesa fiarse más del instinto que de la razón, pues es poco reflexivo. Su inteligencia obedece a unos mecanismos misteriosos que parecen excluir la lógica comúnmente aceptada.
Se le reprocha su falta de acción y su pasividad. Parece que no está haciendo nada y, sin embargo, su imaginación no cesa de trabajar, llevándole a mundos desconocidos y lejanos; a veces, esto desemboca en visiones geniales.
Su intuición y su naturaleza extremadamente perceptiva le confieren en ocasiones poderes adivinatorios. Muchas veces tiene sueños premonitorios; otras, esos mismos sueños revelan un mundo interior de insólita riqueza: se diría que está en relación con realidades que escapan al común de los mortales. Es misterioso, huidizo, inquietante, inasible o sencillamente desconcertante.
El hombre Piscis más místico que sensual, siempre a la búsqueda de un ideal que llene su vida, está dominado por Neptuno; es más indulgente hacia los demás que hacia sí mismo.
El hombre Piscis jupiterniano, más mundano, está más preocupado por los honores y es tan benévolo con las debilidades ajenas como con las propias. Tiene más suerte que el primero, lo que hace de él un optimista incorregible.
Ambos saben combinar sabiamente egoísmo y bondad; se mantienen al margen de las vicisitudes de la vida, lo que sin duda explica que los nativos de este signo sean los más longevos de todo el Zodíaco.
El hombre Piscis que reúna el optimismo y la buena voluntad del hombre Piscis neptuniano y el idealismo y el genio del Piscis jupiteriano accederá a un destino admirable.

LAS APTITUDES DEL HOMBRE PISCIS

El hombre Piscis jupiteriano tiene facilidad para las especulaciones financieras: puede tener éxito en la banca, o ganar dinero en la Bolsa. Considera que el dinero está hecho para gastarlo, pero sabe administrarlo.
El hombre piscis neptuniano, menos afortunado, no tiene sentido de la economía y gasta el dinero antes de ganarlo, dejándose engañar sin darse cuenta y sin que le importe demasiado.
Uno y otro se orientan a veces hacia la vida religiosa. Pero mientras el primero se decanta por hacer carrera dentro de la jerarquía eclesiástica (lo que satisface al mismo tiempo su gusto por los honores y su sincera religiosidad), el segundo prefiere retirarse a un convento, lejos de las vanidades del mundo.
Abundan los Piscis en todas las profesiones que exigen dedicación al prójimo: medicina, enfermería, psicología, psiquiatría, educación, etc.
Por otra parte, como Piscis conoce el inconsciente colectivo, tiene éxito en profesiones en las que hay que adivinar lo que llega a la gente: la publicidad, el periodismo, la radio, la televisión o el cine.
Su capacidad para las relaciones humanas le ayuda a triunfar en el comercio o en la hostelería, que se avienen muy bien con su pasión por los viajes.

COMO AMA EL HOMBRE PISCIS

Como Don Juan, el hombre Piscis suele ser un coleccionista, más preocupado por el número y la variedad de sus trofeos sentimentales que por la calidad de sus amores. A cambio, pone a la elegida de cada momento sobre un pedestal: mientras ama, nada le parece bastante para su amada. Según él, es fiel pero inconstante.
Es difícil reprocharle esta actitud, pues no se le puede juzgar por el mismo rasero que a los demás hombres: es más amoral que inmoral. Las convenciones y los prejuicios le parecen despreciables, como todo lo que limita su libertad. Se presta a todas las experiencias para probarse a sí mismo que nada le ata y, sobre todo, para sentir algo nuevo.
El hombre Piscis sabe ser encantador, seductor y sensible, es capaz de mil atenciones y de la ternura más extraordinaria, pero unirse a él es una aventura que nadie sabe en qué puede acabar.
Con este hombre no hay seguridad ni certidumbre alguna, no hay suelo en el que apoyarse. La pasión llega a él como las olas a la playa y se aleja con igual facilidad. Cuando deja de amar, nada se puede hacer para fundir el hielo que le inmoviliza. La mujer tiene que resignarse a abandonar la partida y tratar, al menos, de salvar su amistad.
El hombre Piscis nunca es invulnerable a la tentación: su fantasía le puede llevar a cualquier parte. El día menos pensado se cruza con una mujer que le impresiona y es capaz de no olvidar jamás ese encuentro fugaz, que su imaginación transforma en la ocasión perdida, pero nunca olvidada, de haber hallado el gran amor de su vida.
Ama a las mujeres misteriosas. La que se enamore de él nunca debe mostrarse totalmente, si quiere ocupar un lugar en su mundo.

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