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Horóscopos. El Hombre Capricornio

COMO RECONOCER AL HOMBRE CAPRICORNIO

Hay un tipo de hombre Capricornio flaco, casi demacrado, con la nariz larga, los ojos caídos y la boca de labios finos y apretados. Tiene hombros estrechos, la figura huesuda, las manos largas y nudosas y anda un poco encorvado. Es el Capricornio saturnino, el triste, de quien la gente suele decir que ha nacido viejo.
El otro Capricornio es más corpulento, con un sólido esqueleto y el rostro cuadrado, la nariz ligeramente corta y ancha, las orejas bastante grandes y la boca enérgica, enmarcada por dos pliegues profundos que van desde las aletas de la nariz hasta más abajo de los labios. Tiene los ojos risueños y almendrados, los cabellos lacios y las manos y los pies grandes y anchos.
El primer tipo de Capricornio, influido por Saturno, tiene fama de elegante; el segundo, más influido por Marte, pasa por ser atlético. Pero ninguno de ellos se siente muy feliz con su aspecto. A menudo, el rostro del hombre Capricornio evoca la cabeza de una cabra, el animal emblemático del signo.

LA SALUD DEL HOMBRE CAPRICORNIO

Como el hombre Capricornio está dotado de una buena resistencia nerviosa, que además mejora con los años, envejece bien. Sin embargo, tiene una fuerte propensión a la artritis, al reuma y, en general, a enfermedades de los huesos.
Es emotivo, pero se controla; es violento, pero se reprime. Ese temperamento hace que sea a menudo víctima de lo que Conrad Moriquand denomina «los humores crasos de Capricornio»: eczemas, herpes, psoriasis, urticaria, sabañones, etc. En su piel, seca y delicada, se manifiestan sus variaciones de humor.
Pero es mejor que tenga esa vía de escape, que le libera de sus tensiones internas, pues en otro caso correría el peligro de contraer enfermedades mucho más graves, generalmente de tipo intestinal. El nativo de este signo es propenso a la lentitud en los cambios fisiológicos. Si lleva una vida sedentaria, su organismo se anquilosa, no tarda en autointoxicarse y aparecen la esclerosis y los trastornos circulatorios.
La tradición le atribuye un punto débil: las rodillas. Y, de hecho, tiene más tendencia que los nacidos en otros signos a herírselas, a los derrames sinoviales y al reumatismo.
La paradoja del hombre Capricornio es que su organismo envejece prematuramente, pero en cambio sabe administrar cada vez mejor sus energías: es su manera de burlar la muerte.
Capricornio no es un hipocondríaco como pueda serlo el nativo de Cáncer. Lo es en segundo grado, porque tiene tanto miedo a la enfermedad que prefiere hacer como el avestruz, negarse a ir al médico por temor a que le diagnostiquen algo grave. Ante una verdadera enfermedad, o bien lucha denodadamente para recuperar la salud, o bien se entrega a ella totalmente desanimado. Tiene inclinación a tratar despectivamente sus pequeñas dolencias.
Conoce bastante bien sus límites y sabe organizar su actividad en función de ellos. Pero cuando se ve obligado a una vida profesional sobrecargada, comienza poco a poco a excederse. Sobreestima su resistencia nerviosa y cuando cae es el primero en sorprenderse y en enfadarse, además, pues no se concede el derecho a estar enfermo.
Debe, por tanto, seguir su propio ritmo y darse de vez en cuando un poco de reposo o, en su defecto, cambiar de actividad. Le conviene pasear, preferentemente por el campo. Como todos los nativos de signos terrestres, necesita estar en contacto con la naturaleza y llevar una vida sencilla. Cuanto más «siga» al Sol, levantándose y acostándose con él, mejor se encontrará.
Debe beber mucha agua y comer queso, que es rico en calcio (sobre todo el de cabra). No le conviene abusar de las verduras crudas, porque sus intestinos no soportan un exceso de celulosa, tampoco de los alimentos grasos ni, en general, de nada indigesto. El repollo y la col lombarda están muy indicados para él, así como el pomelo, las cerezas y todas las frutas que favorezcan la eliminación de residuos. Un tazón de caldo de apio cada día y un poco de gimnasia cotidiana harán milagros con su salud. Es muy importante que no descuide el ejercicio físico, para que no se anquilosen sus articulaciones y para activar la circulación sanguínea.
Su remedio homeopático es la Calcárea phosporica.

MODO DE SER DEL HOMBRE CAPRICORNIO

El hombre Capricornio ha nacido frustrado. Por más que se le dé, por más que se haga por él, siempre siente que le falta algo. Necesita atenciones y ternura.
No tolera que lo rechacen, y menos aún que lo abandonen. Le domina una avidez formidable, pero debe aprender a encontrar una serenidad (serenidad a la que aspira, por otra parte) que no esté teñida de resignación o de tristeza.
Se comporta con gran calma, pues es muy dueño de sí mismo y reprime hasta sus enfados más violentos, preocupado siempre por la reacción de los demás. Sin embargo, debe aprender a vencer esa tendencia: si necesita lanzar unos cuantos gritos, ha de tener el valor de hacerlo.
Tiende a dejar que se acumulen los reproches y los rencores (que no olvida nunca), pero el día en que explota lo hace con una violencia desatada, que sorprende y desconcierta a los que le rodean, habituados a verle siempre impasible.
Se dice de él que es arribista y ambicioso, y a menudo lo es. Desde muy joven ha comprendido que cuanto más poder tenga sobre los demás, menos tendrán éstos sobre él. No le desagrada el mando y sin duda por eso le atrae la política.
A menudo se le reprocha que sea materialista, incluso codicioso. Hay algo de cierto en ello, pues encuentra en el dinero o en la posesión de bienes la seguridad que necesita. Pero como es un gran trabajador, siempre consigue asegurar su subsistencia e incluso la de los demás.
Necesita tener responsabilidades: si el destino no se las envía, las crea o las inventa. Ser responsable es para él lo mismo que ser necesario, incluso indispensable, y por tanto menos fácilmente rechazable.
El orgullo es su arma principal, pero de doble filo. Por una parte le empuja en la vida y, como tiene la tenacidad y la resistencia de un atleta, alcanza siempre sus objetivos. Por otra parte, ese mismo orgullo le impide pedir ayuda, confesar sus momentos de debilidad y admitir sus pequeñas cobardías. Intenta vencer la tentación de aceptar compromisos por temor a los enfrentamientos, pero cuando cae en ella se lo reprocha siempre a sí mismo.

LAS APTITUDES DEL HOMBRE CAPRICORNIO

El hombre Capricornio tiene aptitudes para todas las empresas de altos vuelos: los trabajos lentos y difíciles no le desalientan, al contrario. Su inteligencia analítica le capacita para los trabajos científicos y los estudios filosóficos. También le atrae la investigación arqueológica: el pasado, las piedras viejas y las lenguas antiguas le interesan mucho más que el presente, e incluso que el porvenir. Le gusta encontrar la causa y los mecanismos de lo que ocurre, ir al corazón mismo de los problemas, descubrir su esencia.
Abundan los Capricornios entre los médicos, los investigadores y los historiadores. Por su amor a lo concreto, también se interesa por profesiones como la arquitectura, la construcción, la agricultura o la agronomía.
Le disgusta el trabajo en equipo: prefiere asumir sus responsabilidades en solitario, pues sólo confía en sí mismo. Nada le cuesta tanto como delegar sus funciones. Además, tiene aversión a que le exijan, lo controlen o lo vigilen. Muy sensible a la crítica y a los juicios adversos, se construye una coraza como puede. Su refugio es el trabajo y el peor castigo que se le podría aplicar sería condenarlo a unas vacaciones indefinidas.
Hay muchos políticos nacidos en este signo: de Stalin a Mao Tse Tung, pasando por Nasser y Nixon. Y es cierto que sus virtudes, así como sus vicios, concuerdan con esa orientación: inclinación por el poder y la acción; amor por el trabajo y las responsabilidades; necesidad de dominar y al tiempo de sentirse útil. Se puede contar con él porque es hombre de palabra, aunque se toma su tiempo para cumplirla.
A menudo su éxito es tardío en todos los terrenos. El hombre Capricornio no acusa el paso de los años y se adapta bien a las innovaciones incluso en la vejez.

COMO AMA EL HOMBRE CAPRICORNIO

El hombre Capricornio es desconfiado, pues tiene miedo a sufrir y a que lo abandonen. Avanza de puntillas en el amor, receloso, lleno de sospechas y a menudo arisco. Como además es un moralista, da la impresión de que está juzgando a los demás, lo que no es del todo cierto.
Esta psicología complicada hace que con frecuencia se mantenga soltero. A Capricornio le cuesta tanto decidirse, confiar, asegurarse de que no se está equivocando, que es fiel a fuerza de no querer comprometerse. Una vez que ha optado por una mujer, no rectifica si no es al precio de mucho esfuerzo y sufrimiento. Le gusta lo estable y le tranquilizan los hábitos regulares hasta en el amor. Le cuesta exteriorizar sus sentimientos: a su pareja le tiene que bastar con que le diga que la ama la primera vez. En contrapartida, necesita afecto. Existe, pues, un Capricornio indiferente, que vive apaciblemente su celibato (con ocasionales desahogos, pero sin entregarse al amor), y otro, más femenino, que pide y da ternura, que cuando baja sus defensas se muestra infinitamente afectuoso y delicado; eso sí, siempre con un poco de pudor.
Debe desconfiar de su memoria, de su apego a los recuerdos, saliendo de sí mismo para comprender que la felicidad perfecta es inalcanzable y que sólo podemos obtener una satisfacción afectiva en la medida en que nos volcamos en otro.
El problema de Capricornio es que su madurez afectiva suele ser mucho más tardía que la psíquica e intelectual: es el perfecto marido para los matrimonios tardíos.

 

 

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