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Horóscopos. El Hombre Leo

COMO RECONOCER AL HOMBRE LEO

Se reconoce por su estilo, su aire aristocrático, su clase. Sus andares son flexibles, felinos. Siempre está erguido, sin perder un centímetro de su estatura y con la cabeza ligeramente echada hacia atrás. El hombre Leo si se sienta en un sillón, se podría creer que está instalado en un trono real, tanta es su soltura. Posee una especie de estudiada indolencia que hace resaltar su seguridad en sí mismo. Suele tener una magnífica cabellera, una verdadera melena que le gusta peinar hacia atrás.

Hay básicamente, dos tipos de hombre Leo. El primero, hijo de Apolo, es bello con arreglo a los cánones griegos: nariz recta, frente ligeramente retirada, ojos almendrados, rasgos regulares y cuerpo armonioso y bien musculado, de caderas finas y muslos torneados. El segundo es hijo de Hércules: tiene el cuerpo más fornido y corpulento, con amplio tórax y vientre hundido, como el de un león hambriento, y pies y manos fuertes, la nariz es más achatada, con las aletas muy recortadas, el rostro es ancho y un poco triangular, con la mandíbula fuerte.

El primer hombre Leo evoca la belleza y la armonía, el segundo la fuerza La mirada varía en ambos según el grado de miopía, achaque frecuente en Leo y también ambos suelen tener la barbilla dividida por un surco vertical u horizontal.

LA SALUD DEL HOMBRE LEO

Aunque su apariencia es buena, tiene puntos débiles. Aparte de su vista débil, debe vigilar el corazón. El hombre Leo, tan seguro de sí mismo, es mucho más inquieto de lo que quiere admitir, sobre todo si tiene que encarar pesadas responsabilidades. En tal situación, Leo tiende a dejarse poco a poco devorar por las preocupaciones, con el consiguiente riesgo de cardiopatías. A ello contribuye lo poco y mal que duerme a partir de cierta edad, costumbre muy nociva para una persona que, como él, se exige demasiado.

Debe cuidarse la espalda, pues la tiene frágil y está expuesto a hernias discales y problemas de vértebras que dan lugar a vértigos y otros malestares. Formidable trabajador, Leo posee una notable resistencia que agota las fuerzas de quienes le rodean. Pero debe aprender a no excederse, pues su resistencia también tiene un límite. De vez en cuando le conviene reducir el ritmo y concederse unos momentos de respiro, durante los que le resulta beneficioso cambiar de actividad: lo esencial es que se distraiga y relaje su sistema neurovegetativo, siempre propenso a estar en tensión.

En el aspecto dietético le conviene estimular al circulación y evitar los excesos de carne, alcohol y todo lo que favorezca la hipertensión. Los platos aromatizados estimulan su apetito, lo cual le beneficia, pues a veces está tan sobreexcitado que no puede comer nada. Los zumos de fruta (naranja y pomelo) y los frutos secos ricos en azúcares naturales, alimento energético, son altamente recomendables para los nativos del signo Leo.

Aunque es incapaz de seguir consejos o una opinión sensata, debemos aconsejarle que fume menos, que lleve una vida más regular y que haga deporte para satisfacer su necesidad de movimiento. Aquí le convienen los ejercicios que le permiten explotar su habilidad y su destreza. Debe rehuir su tendencia a beber más de lo razonable.

MODO DE SER DEL HOMBRE LEO

Yo esto, yo lo otro…. es la forma habitual en que Leo comienza sus frases, puntuadas por numerosos e insistentes ¿comprendes?. Ello obedece por una parte a su narcisismo, y por otra a su afán de ser comprendido y de comunicarse, pero siempre a partir de una posición, casi inconsciente, de dominio. Se dice de el que es orgulloso, pero todos aceptan con naturalidad la superioridad de que hace gala con tanta inocencia.

Su debilidad en el aspecto psíquico se debe precisamente a su acusado narcisismo, que muchas veces desemboca en la megalomanía: se jacta de que puede realizar proezas más prodigiosas, y lo cree sinceramente. Otro gran defecto de Leo es su temperamento colérico, que provoca en él ataques de ira ciega, devastadora, durante los que barre todo lo que tiene a mano. Mencionemos también su orgullo y una seguridad en sí mismo que raya en la ingenuidad, sólo insoportable cuando se transforma en despotismo.

La otra cara de la moneda nos muestra un Leo muy diferente, capaz de grandes sentimientos, de una extrema nobleza, carente de mezquindad, cálido y generoso, dotado de un profundo sentido de la justicia y de un idealismo noble y magnánimo. Su inteligencia clara, flexible y brillante le permite entender las cosas inmediatamente. Posee un notable espíritu de síntesis y una gran creatividad. Otras cualidades que  caracterizan al hombre Leo, son el valor, la autoridad y un sincero interés por su honor y su reputación. Su magnetismo personal le da un poderoso ascendente sobre los demás.

LAS APTITUDES DEL HOMBRE LEO

El nativo de Leo está llamado, ante todo, al éxito. Es la razón por la que tolera tan poco la mediocridad. Es el hombre de las grandes empresas, de los vastos proyectos que encara con la tranquila certeza de que nada, ningún obstáculo, puede oponerse a él. En cambio, si fracasa corre el riesgo de quedar reducido a nada, pues la duda no tiene cabida en la imagen que tiene de sí mismo.

Salvo estas excepciones, digamos que desde el momento en que sus proyectos tienen la suficiente consistencia y cuenta con las competencias necesarias, puede alcanzar éxitos espléndidos. Como hombre brillante que es, se siente cómodo en el escenario o en la tribuna. Es un hábil actor, a veces histriónico, a quien además apasiona la idea de dirigir una compañía y montar el mismo el espectáculo. Si tiene ambiciones políticas, llega fácilmente a los más altos puestos.

A un nivel más modesto puede explotar el talento de los otros o sacar partido de su sentido de la belleza, dedicándose desde la edición para bibliófilos hasta la galería de arte, pasando por las antigüedades, la joyería, la alta costura, el comercio de lujo, la publicidad y, en general, las profesiones en las que se puede influir en el público. Los negocios y la banca son también actividades en las que el hombre Leo se encuentra cómodo. Debe desconfiar de su atracción por el lujo, de su amor fastuoso y de sus aspiraciones al mecenazgo, condiciones ideales para forjar una gran fortuna…. o para arruinarse, no todos los Leo son grandes hombres.

COMO AMA EL HOMBRE LEO.

El hombre Leo, soberbio y generoso, adora proteger a la mujer amada. Por ella es capaz de mover montañas. A cambio, le pide una admiración incondicional y un comportamiento que cause la envidia de los otros hombres por tener a su lado a una compañera tan bella, tan elegante. En resumen, pide a la mujer que sea un elemento más de su prestigio. No debe ser jamás un rival para él: su compañera ideal sólo puede ser la que le ayude a triunfar y subordine a él y sólo a él sus ambiciones personas.

Es un enamorado ardiente, muy apegado a cierta cualidad estética de la relación, que se da generosamente y de alguna manera siente que hace una buena acción cuando se digna conceder sus favores a una dama de su elección. Digamos más bien que se otorga a sí mismo, gentil y atentamente, a la mujer. Como el sol, que rige su signo, irradia luz y calor y, si a veces quema, lo lamenta sinceramente: odia hacer sufrir. No hay en él maldad deliberada, pero no hay que decepcionarle. Está demasiado centrado, demasiado preocupado por sí mismo como para amar de manera absoluta, por lo que su fidelidad es aleatoria. En cambio, hace la vida agradable a la mujer que ha elegido, la madre de sus hijos, que asegura una vida afectiva satisfactoria.

 

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