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El Hombre Cáncer y el Sexo

La ternura y la consideración del hombre cáncer y el sexo, por los deseos y requisitos de su amada contribuye a que se sienta querida y emocionalmente acogida. En la efervescencia de los comienzos de la relación resulta un amante exquisito, tan genialmente sutil y perspicaz en la cama que aporta mucha firmeza a la pareja.

El hombre cáncer sigue la costumbre de ir en pos de un objetivo mediante el desplazamiento lateral o aparentemente hacia atrás, simulando desinterés, hasta el momento en el que se arroja súbitamente hacia delante. Es propenso a jugar a los acertijos sexuales, sin revelar la pasión que lo incita, porque teme que su amada descubra que la necesidad de afecto es mutua, por lo que emplea argucias para no dar el primer paso en la relación.

Cáncer vive bajo el influjo de la Luna, que le provoca cambios de carácter tan efímeros como las fases lunares. Por este motivo, cuando está de mal humor y melancólico durante unos días y no atiende insinuaciones de la amante, tal vez ella sienta rechazo, que no cunda el pánico en la pareja, ya que el motivo de esa retirada reside en la luna, así, la mujer tendrá que esperar a que cambie el ciclo, intentando no alterar el delicado humor del hombre de este signo.

El hombre cáncer es afectuoso y sutil, aunque un tanto enredado, alberga sentimientos sensuales, poéticos, calmados y hondos, sin embargo el desdén, el rechazo o cualquier motivo imaginario o real que lo conmine a resguardarse bajo la protección del caparazón provocarán en cáncer el disgusto y el llanto, o una dureza impenetrable que lo convertirá en una persona solitaria y enfrentado a la humanidad que no lo comprende, cáncer es experto en inventarse afrentas imaginarias.

Cuando el hombre cáncer se somete a la pasión y la emoción puras, despliega una personalidad carente de los obstáculos que le imponen los miedos y las preocupaciones. Es un amante exquisito que aporta a su mujer una particular placidez y una dicha conmovedora propia de un signo acuático.

Cáncer es cambiante, a ratos remilgado y exigente, siente la necesidad de calmar las frecuentes pesadillas que lo atormentan para desarrollar su parte afable y dicharachera. En caso contrario, se vuelve un cascarrabias y un misántropo huyendo al hogar materno. El hombre Cáncer alimenta una permanente añoranza de la figura de la madre, durante toda la vida.

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