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El Amor en Sagitario

En el Amor en Sagitario el alma abandona la nocturna cavilación de Escorpio y vuelve la vista plena de ilusión al día masculino y positivo de Sagitario, al tiempo que circula por el tiempo mutable del paso de otoño a invierno. Es la última estación en un signo de fuego.

La persona nacida bajo el signo de Sagitario es una escéptica visionaria que no ha descubierto las claves para descifrar el jeroglífico de la existencia, por lo que hurga en lo profundo armada de razón incisiva e ingenuidad torpe bajo la regencia de Júpiter, que le muestra la forma idónea de acondicionarse a la sociedad y adoptar su lugar correspondiente.

Es entonces cuando adopta conciencia de la dualidad del alma, que despierta la curiosidad de indagar en la mente para discernir lo que oculta la conducta humana, que ahora se rige por la parte racional y más tarde se deja llevar por la mitad instintiva. Sagitario representa la duda entre humanidad y naturaleza. Es entonces cuando aparece la rebeldía de Sagitario que deja a un lado las convenciones, la educación y la formalidad para evadirse de los requisitos que exige la vida, de tal forma que rompe los moldes y se sumerge en el humor y la ironía.

Ahora es jovial y desahogado, y más tarde, rígido y formal. El camino en favor de la verdad de Sagitario se inicia con una devoción ciega que se pierde en una incredulidad iconoclasta para virar posteriormente hacia el más intransigente integrismo y acabar, al final, con la revelación del sostén religioso, el cual concluye admitiendo o desdeñando en función del aprendizaje que ha cosechado.

El influjo de Júpiter infunde a la persona nativa de Sagitario el ansia de viajar, de conocer otras culturas, otras formas de pensamiento y de vida. El carácter mutable del signo se manifiesta en el fastidio que le supone haberse de acomodar a las obligaciones y responsabilidades, ya que las entiende como obstáculos para alcanzar la realización del mundo onírico que tanto anhela.

De este modo, asume una pose comediante con la que se revela ante los demás por medio de una alternancia de actuaciones graciosas y dramáticas, con las que persiste en su propósito de desvelar que ocultan las almas de los que le rodean. No se destaca por la discreción, pues siente que el otoño está culminando y ya atisba la senectud invernal, en la que le esperan el reposo y la plácida paz del hogar, mas no para de rememorar la primavera y el verano, y no está aún dispuesto a conformarse con la quietud de la vejez.

El Amor en Sagitario le hace sentir que debe aprovechar su oportunidad para descubrir el amor antes de que sea demasiado tarde. Si va tras una pareja, se ve deslumbrado por la imaginación y el reto del amor, cuya realidad le inflige un daño, ya que la búsqueda frenética no le ha permitido hallar el amor en el rincón del corazón donde lo guarda.

El hombre Sagitario que logra aunar con un mismo fin la parte animal y la espiritual resulta un varón íntegro, que encarna al hombre en toda su compleja realidad. Sin embargo, es difícil que encuentre un amor que lo llene y corre el riesgo de padecer algunas separaciones, puesto que a veces el anhelo de cambio le turba la visión.

La mujer Sagitario es propensa, como los hombres, a llevar una vida informal, al tiempo que mantiene el anhelo de lograr la seguridad. Afectivamente desea un compañero que le brinde una mejora social aunque, si en ella predomina la inclinación al crecimiento espiritual y no escoge seguir un objetivo supremo, no se deja prendar, y sigue una vida emancipada.

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