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El Amor en Piscis

El Amor en Piscis. De la misma manera que el alma nace en el signo de Aries, así mismo muere al entrar en la obediencia misericordiosa y en la percepción espiritual de Piscis, es en ese momento en el que el alma se da cuenta de la concepción del tiempo como una dimensión permanente en la que el pasado, el presente y el futuro se perciben globalmente. El alma accede al elemento agua por última vez, en un signo mutable en tanto que negativo, pasivo, femenino y nocturno.

La persona nativa de Piscis goza de una particular sensibilidad que procede del aprendizaje espiritual a lo largo del trayecto a través de los enigmas del amor de los otros signos. Piscis ha recorrido el cinturón zodiacal en el que ha cosechado un equipaje que lo convierte en el más complejo de los doce signos del Zodíaco. La Astrología dice que Piscis es un alma curtida, lo cual no implica que todos los Piscis hayan llegado al culmen místico, ya que hay quien se sumerge en agua que llevan al lodo. De ahí que Piscis se distinga entre el que nada corriente arriba, buscando la perfección, y el que se deja llevar por la corriente que lo arrastra al abismo.

Sin embargo, ha contemplado la deslumbrante hermosura de la verdad y siente una tendencia inconsciente hacia el deseo de desprenderse de lo terrenal. De ahí que sea reacio a los enfrentamientos y a la tensión, y busque las engañosas evasiones de los narcóticos o la bebida. Pulula asimismo entre ensueños, imaginación, elucubraciones filosóficas, oración o retiro.

El que opte por la primera suerte de huida puede chapotear en el cieno  del alcoholismo y las drogas, con riesgo de desembocar en la pérdida del juicio. En los derroteros creativos o contemplativos, puede ser filósofo, músico, artista, monje o místico. La experiencia de Piscis acarrea innumerables trampas para la nacida bajo el signo, ya que el inconsciente ha recorrido todos los rasgos humanos. De ese modo, acoge compasivamente las dificultades y comprende al prójimo.

Neptuno esta experimentado en la naturaleza humana y siente la necesidad de consentir las debilidades antes que censurarlas. Piscis es receptivo y escucha los problemas del prójimo, aunque su instinto innato el indica que no es bueno inmiscuirse en asuntos que puedan acarrear consecuencias. Por lo tanto, Piscis debe cobrar coraje y afrontar los desafíos del destino si quiere crecer.

A través de ese reto, Piscis se forja y adquiere la facultad de comprender la relación con el infinito, lo que provoca la necesidad de tener fe, puesto que empieza a vislumbrar la verdadera naturaleza espiritual del ser humano.

El Amor en Piscis es la entrega pródiga del yo a la persona que lo acompaña en el camino hacia el todo. Siente más dicha cuando da que cuando recibe, aunque bajo el efecto de Neptuno se ve tentado a experimentar numerosas relaciones, sin permanecer demasiado tiempo en cada una de ellas. Piscis utiliza la promiscuidad o se enclaustra en ensueños ante el riesgo de morder el anzuelo de un compromiso duradero. Sin embargo, el que no sólo desea el placer del amor sino que también asume el dolor que implica, recibe el premio de descubrir el enigma del amor. Será entonces cuando atisbe la efusión del fundir en un ser alma, corazón y mente, la promesa del milagro de amor de la primavera de Aries se verá culminada finalmente en Piscis.

Para el hombre Piscis, la vida amorosa es esencial, pues se caracteriza por sublimar las relaciones, en las que mezcla realidad y sueño. El romanticismo y la sensualidad sazonan las relaciones en las que Piscis vive el deseo de llegar a lo absoluto, mediante la entrega completa.

La mujer Piscis vive una existencia centrada en la búsqueda de los placeres, la comodidad y las relaciones sociales, aunque guarda un resquicio espiritual que mantendrá encendida la llama del espíritu. La regencia de Neptuno puede provocar que se desvíe hacia el romanticismo, los sueños y la imaginación. En cualquier caso, el amor es trascendental y lo vive intensamente, a través de diversas relaciones.

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