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El Amor en Géminis

En el Amor en Géminis, el alma se introduce en un signo masculino, diurno y activo, tras el período bajo el cobijo femenino de Venus, planeta regente de Tauro. Llega a una época que adquiere conocimiento de la mentalidad y se percata de que existe un universo del que ella no es más que una pequeña partícula. El niño Géminis adelanta un paso y se sirve de la comunicación para dar a conocer lo que le hace falta.

Géminis es el signo que representa el período en el que el ser humano comienza a aprender a unir palabras y se permite llamar la atención del entorno mediante los primeros ensayos. De este modo, el milagro de la lengua resulta un hechizo demasiado tentador, pues en esa etapa las palabras deficientemente pronunciadas despiertan el asombro de los adultos, que normalmente han desarrollado la capacidad del lenguaje.

Esta atención preferente que acapara mediante los primeros balbuceos aumentará progresivamente a medida que perfeccione la dicción, situación que resultará divertida. Paralelamente, la criatura se aventura a gatear, desplazándose de un lado a otro, lo que le permite alcanzar aquellos objetos que hasta hacía poco pedía a gritos, como Aries, o aguardando pacientemente como Tauro.

Está descubriendo una suerte de autonomía que le encandila. Géminis representa ese estado del alma, en el que, además de ser y poseer, acaba de descubrir que también piensa.

Géminis sabe mejor que los otros signos, que la naturaleza humana tiene dos facetas, como las dos caras de un papel. Una puede estar llena de borrones, palabras sueltas o términos soeces, la otra puede contener el poema más bello, pero las dos son parte del mismo papel y es imposible separarlas sin que la hoja se rompa. La persona nacida bajo el signo de Géminis, representa esa doble naturaleza, que es conveniente concordar si se persigue una relación provechosa con los demás.

Los primeros reveses llegan cuando Géminis se da cuenta de que debe cumplir con unas obligaciones que se enfrentan a la aspiración de conseguir deseos, que ha de ir a buscar más allá del entorno familiar. Percibe la necesidad de salir a investigar que hay en el exterior. La capacidad de emplear la razón para elaborar hipótesis cimentadas en la experiencia permite a Géminis aventurarse en el mundo de las ilusiones, la imaginación entra en juego y amuebla los sueños de la faceta anhelante, que se opone a la fase aún indefensa que depende del entorno para desarrollarse.

Géminis es el primer signo de aire, además de ser el primer signo mutable, ya que coincide con el cambio de primavera a verano. Todos esos factores contribuyen a que el Amor en Géminis sea la aceptación de lo que el destino le depare con ojos curiosos y corazón desbordado de fe. Lo que contempla Géminis es un paraíso donde todas las ilusiones pululan repletas de enigmas, al tiempo que Mercurio, el planeta regente de Géminis, indica el trayecto fascinante que conduce al misterio.

El Amor en Géminis, convierte el amor físico necesario, aunque ya no lo concibe como el prodigio que encandilaba a Tauro, por lo que es preciso buscar una mayor emoción. De ahí que no lo desee cuando se convierte en una traba para la libertad que anhela, lo repudia rápidamente, se olvida del afecto, el cariño y el calor, de la placidez de un abrazo acogedor, sin ser consciente de que tal vez esté desechando el bien más preciado. A lo peor es tarde cuando la otra cara de Géminis se da cuenta del error.

El hombre Géminis lleva la curiosidad hasta el campo de las relaciones amorosas, aunque sexualmente sea un poco frío. Es, sin embargo, fácil de estimular a causa de la inquietud propia del signo, muestra deseos de saber e indagar en todas las  novedades, por lo que es susceptible de manifestar ambigüedad y es posible que se sienta atraído por otros hombres.

La mujer Géminis es alegre, esta llena de vida y dotada de una encantadora simpatía, aunque no demasiado sensual. Cuando llega la maternidad, mantiene la juventud y resulta la mejor compañera de juegos de sus hijos.

Tanto el hombre como la mujer Géminis guardan el espíritu juvenil e incluso infantil hasta la vejez, puesto que nunca pierde el sentido del humor y una actitud receptiva ante las novedades.

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