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El Amor en Aries

El Amor en Aries. El alma está recién nacida en el signo de Aries, pues corresponde con el alba, la primavera o la resurrección tras la muerte, representada por Piscis. Se trata del primer signo de fuego y cardinal, en el que el alma lanza la vibración masculina y positiva de las fuerzas diurnas a través del planeta que rige el signo, Marte.

De igual forma que un bebé, cuyo mundo tiene los límites en sí mismo, Aries descubre la propia esencia física. No siente desconfianza, temor o incertidumbre ante un rechazo o a que se le niegue lo que demanda. El alma de Aries confía ciegamente en la virtud que le otorgará por ensalmo el cumplimiento de todas las esperanzas. Así, de igual manera que los padres permanecen atentos a todos los gestos y los sonidos del recién nacido, existe una fuerza superior que ejerce vigilancia sobre el alma de Aries, negando con sensatez aquellas demandas que Aries exige y a las cuales cree tener derecho por el mero hecho de existir.

Aries no contempla la posibilidad de hallar en el camino percances, dolor o maldad, solo obtiene conocimiento de estas dificultades a través del testimonio de los que han avanzado en la existencia acumulando prudencia, experiencia y sabiduría a medida que se desarrollan. Así el Amor en Aries que supera los impactos contra voluntades que no satisfagan sus deseos, padecerá una y otra vez la descarnada decepción de haber depositado su fe en quien no convenía. Así, pasto del egoísmo, de la negación y del abandono, Aries degusta la soledad, el pavor o la desilusión, lo que provoca en el una reacción impetuosa al verse rechazado.

El Amor en Aries es vitalmente necesario y lo siente como un estado implícito en el desarrollo de la vida del ser humano, lo concibe como algo inherente a ella. De este modo, aguarda instintivamente que se manifieste el amor y recibe con deleite el fervor del amante, aunque no tiene una idea muy exacta de la entrega recíproca. El Amor en Aries es urgente ya que sin el carece de un elemento vital, por lo que fenece irremediablemente.

Si un abandono puede representar la muerte, la simple alusión provocará en Aries el temor a una agonía, que sólo se atenuará con repetidos intentos de mitigar el pánico. Aries siente la necesidad permanente de que le recuerden que lo aman y que, cuando el hastío del invierno amenaza con destrozar las ilusiones, significa que no pasarán muchas lunas antes de la llegada de la primavera.

Al hombre Aries le gusta tomar la iniciativa en las relaciones, es vehemente y romántico en el amor, aunque no es frecuente que mantenga una relación prolongada y profunda, si no sabe atenuar el egoísmo. En caso contrario, es un hombre inconstante que experimenta varias pasiones tan fogosas que se consumirán rápidamente, por lo que no es extraño que desencadene separaciones inesperadas.

La mujer Aries es apasionada, intrépida y posee el punto agresivo que le otorga la regencia del planeta masculino Marte. Anhela ser independiente y tiene la convicción de que la libertad individual debe primar por encima de todo. Durante los años que van de la juventud a la edad adulta puede manifestar una inconstancia en las relaciones que se calma al alcanzar la segunda mitad de la treintena. Un impulso intenso la puede llevar a gozar amores apasionantes, hasta dejar a un lado el egoísmo por vivir un romance con un amante que aprecie y que despierte su admiración casi devota. En caso de que renuncie a la libertad corre el riesgo de caer en la depresión y provocar la quiebra de la convivencia si ésta se le antoja insoportable.

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