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El Amor en Acuario

El Amor en Acuario irrumpe en el alma, y tiene la sensación de que ha de reintegrar a la vida buena parte de lo que de ella a aprendido, por lo que emprende una segunda niñez. En ella derrama sabiduría con el anhelo de compartirla antes de dejar el traje terrenal para adentrarse en el universo de la vida espiritual. Acuario es el último signo fijo, además de ser masculino, diurno y positivo, en el que el alma experimenta por última vez el elemento Aire.

La persona nacida bajo el signo de Acuario guarda oculto el secreto de su personalidad y congenia con los espíritus ingenuos, pues alberga un conocimiento que contrasta con el comportamiento alocado de la juventud. Acuario disfruta explorando todos los misterios que encuentra  a lo largo del camino, siente deleite por revelarse sorprendente, de manera que despierte el asombro del prójimo, y posee la certidumbre de que puede vislumbrar el porvenir.

Acuario goza del don de la intuición con el que escudriña a las personas y descifra a las personas y descifra las ideas sin conmoverse, adivinando la verdad de forma ilógica y sin trabajo aparente. Así, siente querencia a estar al margen de la ley y del poder, ya que el alma de Acuario habita en un tiempo más adelantado que los demás seres humanos que pueblan la tierra, por eso intuye que algún día habrá que cambiar las normas de la sociedad de hoy. A veces siente el impulso de desencadenar una revolución que establezca la tolerancia, el amor universal y la concordia, aunque esos cambios hayan de ser capitaneados por otros signos, dado que Acuario permanece fijo en ideas, reglas y estilos de vida.

El Amor en Acuario le confiere una concepción fraternal, para él, que no aprecia los prejuicios, cualquier humano es amigo, pues ha aprendido que forma parte de la gran familia humana. No obstante, en cuanto a las relaciones personales, Acuario es un tanto despreocupado a causa de su ideal por perseguir la prosperidad de toda la humanidad. Intuye al comienzo de la era de Acuario que habrá un porvenir dichoso si los hombres se arman de energía y se atreven a romper el orden establecido y las ideas caducas para dejarse guiar por la conciencia del alma en el giro de la rueda kármica.

Si el comportamiento de Acuario causa la sorpresa de los más acérrimos defensores de la tradición, acoge la crítica rompiendo a reír, puesto que se respalda en la particular intuición con la que atisba el futuro, en el signo de Acuario, el alma ha aprendido y ya es conocedora, ya es sabia.

Acuario vive el amor como una emoción independiente al margen del propio egoísmo, por lo que conviene descubrirlo antes de gozarlo. Entiende la magnitud del amor y hurga para descubrir todas sus proporciones, pero con frecuencia lo malbarata tiñéndolo de amistad. La satisfacción corporal lo deja vacío y todavía deseoso de algo más que desconoce, porque no alcanza a comprender el milagro de la unión con la pareja, que es el enigma sagrado del amor, una verdad que aguarda oculta en la oscuridad a ser descubierta. El guardián del secreto circula más allá de Urano, que no acierta a descifrarlo.

El hombre Acuario siente la necesidad de experimentar las novedades que el depare el destino. Así se forja armónicamente a través de la unión con una mujer que comparta la percepción de la realidad y la concepción de las relaciones humanas. Sólo así brinda afecto sincero y prodiga una entrega incondicional. Si la carta natal refleja un aspecto inarmónico de Urano, el hombre Acuario revela la parte negativa de sí mismo, con tendencia al egoísmo, la deslealtad y la falta de compromiso.

La mujer Acuario es inconformista e independiente, ya que es partidaria de las relaciones fundamentadas en la libertad, sin compromisos sentimentales, por lo que aprecia más la vida comunitaria que la conyugal.

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