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Aries y Capricornio

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Aries y Capricornio

Si algo comparten Aries y Capricornio es el egoísmo, pero con matices distintos. El Egoísmo de Aries es producto de la desconsideración del Carnero y de sus deseos a menudo infantiles. Lo que Aries ambiciona, de una manera u otra, lo consigue, siempre que el o ella aprenda a dominar el entusiasmo marciano y no arremeta con demasiada prisa. El egoísmo de Capricornio se origina en el afán de la Cabra en no mirar atrás para ver quien resbaló y quedó rezagado, por miedo a que  esto aplace su propia cita personal con el destino. De todas formas, el egoísmo es egoísmo, cualquiera que sea la base o la causa, Aries y Capricornio incurren a el con bastante frecuencia.

En cuanto a otra aptitudes como la alegría o la inocencia de Aries, la Cabra tiene todas las razones del mundo para envidiar al carnero. La palabra alegría no se asocia generalmente a las personas nacidas bajo el planeta regente Saturno. La inocencia tampoco es una cualidad capricorniana. Los Capricornio nunca son inocentes, ni siquiera cuando son bebés o niños. Todos ellos, tanto si es niño como niña, nacen convertidos en pequeños viejecitos o viejecitas, con un sentido muy implantado de sabiduría y paciencia, que normalmente no se adquiere hasta aproximarse a los cien años.

De modo que existen pocas probabilidades de que la Cabra vuele por la vida con la ingenua alegría y la inocente candidez del Carnero, hasta muy pasada lo que se denomina la “edad intermedia”. Es entonces cuando empezará el progreso de “envejecimiento hacia atrás” de Capricornio, con sus eclosiones de abandono total que a veces pueden remontar a la Cabra incluso por encima del Carnero. Por eso los Aries se sienten más cómodos en compañía de las Cabras mayores. Las más jóvenes los ponen nerviosos.

Las razones que tienen los Aries para forjar cualquier tipo de relación o asociación humana son siempre impulsivas e idealistas, y están gobernadas por las emociones. Los capricornio tienen motivaciones más prácticas. Aunque es comprensible que a las Cabras las disguste la implicación astrológica de que tienden a “valerse del matrimonio para ascender en la escala social o económica”, lo cierto es que esto se aplica con más frecuencia en el caso de los Capricornio que en el de los Aries.

No se trata de que Capricornio sea frío o calculador, al fin y al cabo, solo piensan en que no le falte de nada ni a el, ni a los suyos. No quiere sufrir en un futuro las consecuencias de un desvarío romántico presente. La reacción de Aries ante un acuerdo de este tipo es casi conmovedoramente sentimental y románticamente optimista. La joven cabra se hace eco de la pregunta del joven carnero. Si los dos se aman de verdad, entonces deberían saber que su amor es eterno. Entonces.. porque no se casan desde el principio? Hasta aquí, Aries y Capricornio marchan a la par. Luego, Marte y Saturno se separan. Bruscamente.

Después de deliberar adecuadamente y de reflexionar cuidadosamente, Capricornio analizará el problema con la sagacidad propia de Saturno y por último llegará a la conclusión de que al fin y al cabo el acuerdo es sensato. Pero igualmente Capricornio se pregunta “Quién pagará el alquiler”, probablemente Capricornio, verás su amante Aries anhela ser poeta, así que durante un tiempo Capricornio tendrá que mantenerse y mantenerlo. Aries no encuentra nada censurable en esto. No ocurre lo mismo con Capricornio que su consejo sería olvídate de los versos y gánate la vida o adiós.

Los Capricornio siempre se ofenden cuando Aries los acusa de ser ambiciosos. Creen que nadie lo sabe. Las Cabras son lerdas en descubrir en sí mismas algunos otros rasgos propios de Saturno, como esos accesos periódicos de lóbrego pesimismo, su avidez por aferrarse al peldaño más alto de la escala social, su renuencia a desafiar al sistema y su sometimiento a menudo ciego a la tradición, la familia, la ley y el orden y todas las formas de autoridad.

Los Carneros también son ambiciosos, pero sin ambages. En lugar de caer en el pesimismo, tienen accesos periódicos de optimismo francamente absurdo. La mayoría de los Aries no saben distinguir una escala social de una persiana, se deleitan en desafiar al Sistema, no sienten absolutamente ninguna obligación de respetar ningún tipo de autoridad y en general solo se rinden pleitesía a sí mismos, a sus propios deseos e ideas.

Imagina a la cabra montés, tímida pero robusta y de pisada firme, que pasa cuidadosamente de un risco a otro, con confianza y tesón, que se las apaña para encontrar suficiente alimento en las matas de pastos ralos, y que incluso traga cartón y mastica latas cuando es necesario. Nada puede frenar su marcha lenta pero segura hacia la cumbre de la verdad, la sabiduría y la justicia que la convoca desde lo alto.

Ahora imagina al carnero de la montaña escabrosa, que necesita una dieta de hierba más sustanciosa. A diferencia de la Cabra, el carnero no puede digerir plácidamente los clavos herrumbrosos de la crítica y las astillas de vidrio del desencanto, y cuando salta de risco en risco a menudo calcula mal la distancia, cae y se fractura los cuernos. Como la visión soñadora lo distrae en el sendero peñascoso de la Naturaleza, el carnero de grandes cuernos coge algunos atajos imprevistos.

Esta es la diferencia básica entre Aries y Capricornio. Ambos signos solares son robustos escaladores. Pero la meta final de la Cabra es la cima misma de la montaña, el único lugar donde se siente segura. Para el raro Carnero, más gregario, que llega a tanta altura, la cima de la montaña es un lugar solitario, si más desafíos. Para Capricornio es apacible, para Aries es aburrida.

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